Hay cosas que simplemente no se pueden tolerar, y no porque seas un criticón por naturaleza, sencillamente porque no encajan o hacen daño a la vista. Podríamos hablar de moda, pero no sólo en este aspecto hay vulneraciones al buen gusto, sino también a ciertos comportamientos inadecuados, en ciertos lugares y en determinadas horas.
Un lugar que es caldo de cultivo para crear de un sueño una verdadera pesadilla es el interior de un avión. Sí; seguro que hay ríos de tinta escritos sobre este tema, pero aún así, ciertas acciones se siguen presentando repetitivamente como si estuviéramos protagonizando "atrapado en el tiempo", pero reemplazando a Bill Murray por Pepo Martínez.
La pesadilla comienza en el auto check-in, aquellas maquinitas que en principio Dios creó para ir más rápido, cuando tienes "el culo pelado" de viajar, pero que por obra y gracia del Espíritu Santo es utilizada por la familia numerosa que decide pasar sus primeras vacaciones en Londres. Ya nos podemos olvidar de ir rápido, ya que el solo hecho de introducir el código de reserva del billete electrónico puede ser mortal.
Como la paciencia es una virtud que con el paso de los años se va perdiendo, muchos optamos por hacer la fila normal (los que contamos con un presupuesto lo suficientemente digno para no ir por low cost, pero desafortunadamente corto para sólo poder permitirnos clase turista, no podemos optar por la fila VIP que sólo tiene 7 personas máximo esperando en ella). Generalmente en los vuelos de corta distancia, los equipajes no suelen ser numerosos, pero si por azar del destino has decidido irte a pasar unas vacaciones a Punta Cana, Cartagena de Indias o a Río de Janeiro, puedes tener la mala suerte de tener a otra familia numerosa delante tuyo (por ley de Murphy te tocará seguro). El problema aquí radicará, no sólo en lo numerosa que puede ser la familia, sino también en el factor multiplicador de su equipaje. La primera pregunta que viene a la cabeza es: ¿qué llevan en esas maletas?. Muchos de ellos parecen exiliados de guerra, no sólo por su ropa mal combinada o por las cadenas de oro que no pegan ni con cola, sino por el exceso de peso que llevan en el bagaje. Para más "inri", seguramente la cabeza de familia discutirá con la pobre azafata de tierra, increpando porque debe pagar 150€ por el exceso de peso; a mi parecer, deberían cobrar también por el exceso de mal gusto y de mal comportamiento.
Cuando has superado esta parte, te quedan los controles. Tiempos aquellos en los que antes del 11S viajar en avión era todo un placer. Hoy día, aparte de aprenderte la regla 3-1-1 (si no la conoces, necesitas saber que hay más sitios en este mundo que Andorra, Ariéstolas o Melgar), aprendes que debes quitarte las botas y ponerte esos zapatitos tan cómicos de plástico, quitarte todo lo propenso a hacer saltar la alarma y entre más ligero de ropa, mejor. De hecho, para ir al aeropuerto lo mejor es ir lo más "casual" posible, así evitas pasar vergüenzas en el control, como la típica señora (de edad generalmente) que debe retroceder 5 veces porque, o tiene un broche metálico en el sostén, lleva una mariposa de broche en el cabello, o tiene un cinturón que hace las veces de falda en algunos casos (sin contar los tacones de aguja de 17 cm., que puede llevar).
Hemos llegado al avión y es la hora de embarcar. Lo que no se debería hacer es fila. Si tenemos sillas numeradas, ¿para qué hacer el zombie y hacer una fila extralarga esperando entrar? Ya no es ni siquiera por pretender ser "cool" y hacerte el interesante leyendo una revista de moda mientras los demás esperan entrar como las señoras el 7 de Enero en las puertas del Corte Inglés; no, es cuestión de ser prácticos.
Cuando ya estás, por fin, ubicado en tu asiento, lo normal sería quedarte allí, hacer lo que tienes que hacer, y esperar a que aterrice. Aquí es necesario hacer la diferencia entre vuelo de corta distancia y de larga distancia. En el de corta distancia es más fácil, porque lo único que se debe hacer es sentarse, tomar el aperitivo que se ofrece (sí, para los amantes de viajar mal: en las aerolíneas decentes dan de comer), ir al baño y esperar a que se aterrice. No falta sin embargo, el que saca su cámara e intenta tomarle la foto a París cuando se está sobrevolando sobre ella: NO, las fotos en el avión están prohibidas. Y no porque se cree interferencia entre la torre de control y el avión, sino porque es de mal gusto. Puedes de pronto tomarle fotos a un ovni que esté pasando justo en ese momento, o a Superman cuando haya desviado su itinerario, pero en otros casos no; mucho menos tomarse fotos entre amigos, o peor aún, auto fotografiarse para dejar grabado para la posteridad, el momento en que se ha perdido la poca dignidad que se tenía.
Cuando es un viaje de larga distancia, el tiempo es un factor que juega en contra, ya que la tendencia a violar esas reglas que nos permiten mantener la dignidad es grande. La regla de la fotografía se mantiene (no, no vale que sea tu Luna de Miel o el premio por haber llamado a una emisora y responder acertadamente la pregunta de un locutor de barrio), NO se hacen fotos, ni entre amigos, ni a nosotros mismos, ni al ala del avión.
Otra cosa a evitar es emborracharse aprovechando el vino porque hay que amortizar el precio del tiquete. No hay nada peor que un borracho en pleno vuelo, y más aún si es de los que va incordiando a las chicas que van en su viaje de fin de curso, y comienza a ¡tomar fotos!. No clasifiques en este grupo por favor.
Otra cosa a evitar es la charla a la persona que tenemos al lado, en voz alta, y cuando las ventanas están tapadas. La gente quiere dormir, son 14 horas de vuelo; seguramente la otra persona también quiere descansar, como para que alguien esté robando esos minutos (u horas) de sueño (a ella y a los vecinos). En esos casos, si el surtido de películas no es satisfactorio, siempre puedes por irte a la parte trasera y hablar con la azafata de turno (tampoco la atormentes demasiado).
El robo es un delito, pero además, si se puede llegar a ser tan cutre, de robarse las mantas o las almohadas del avión sólo porque tiene la etiqueta de la aerolínea, la cárcel no sería meritoria por el robo en sí, sino para librar al mundo de una persona con tan poco nivel (en todos los aspectos).
Suelen pasar muchas otras cosas dentro del avión, como el niño de que deja de llorar durante todo el viaje, las turbulencias exageradas que ponen a rezar a la señora de al lado, o la azafata que parece modelo de la Vanity Fair y pierdes la vista cada vez que pasa.
Pese a ello, intento siempre tener mente positiva cada vez que viajo, porque también pueden pasarte cosas buenas (sigo esperando ese encuentro casual en el baño del avión con alguna desconocida) o que te toque al lado a alguna celebridad (no hablo de Melendi).
Sigo haciendo mi reserva para la próxima aventura, esperando los mínimos incidentes posibles.